Mi pasión por los hombres comenzó tarde. En el colegio no me enamoré de un compañero ni tuve fantasías con un amigo. Me gustaban las chicas. Me hacía cien mil pajas pensando en ellas. Pero el colegio era solo para hombres. No tenía amigas ni menos novias o enamoradas. Me hacía pajas mirando las fotografías de mujeres desnudas que aparecían en revistas como Playboy y Penthouse, revistas que me prestaban furtivamente mis amigos del colegio. Mi madre encontró una de esas revistas escondida debajo de mi cama y ordenó al personal doméstico que la quemase, entre plegarias. Hubo un alumno de apellido inglés que se ofreció a chupármela o hacerme una paja en el baño del colegio. Era gordito, tímido, afeminado. Me quedé helado. Le dije gracias, pero no gracias. Qué habrá sido de él.

Yo no sabía que podía enamorarme de un hombre. Pensaba que solo me gustaban las mujeres. Amaba a las mujeres desnudas de las revistas. Esperaba a que mi padre trajera a la casa la edición semanal de la revista Caretas, que publicaba en sus últimas páginas una foto de una mujer con los pechos descubiertos. Pero mi madre, antes de que yo tuviese la revista en mis manos, rompía la página de la mujer mostrando los pechos.

Cuando tenía diecisiete años recién cumplidos, entré en la universidad, dispuesto a estudiar leyes y graduarme como abogado. Quería ser abogado, y luego político, y luego presidente del país. Escribía una columna política en un diario conservador muy leído. Odiaba a mi padre, no lo veía nunca, vivía con mis abuelos. Mi madre estimulaba mis sueños de grandeza y poder. Yo no había probado drogas ni deseado el cuerpo de un hombre.

Hasta que conocí a Carlos en la universidad. Era más bien bajo, musculoso sin exagerar, guapo a sabiendas, pícaro y descarado. Tenía un gran cuerpo, forjado en largas sesiones en el gimnasio de su casa, y le gustaba mostrarlo, insinuarlo. Poseía toda la malicia erótica que yo ignoraba. Era un gran seductor. No le interesaban las clases. Llegaba a la universidad, se sentaba en la rotonda y usaba su gran sentido del humor, su insolente belleza, su picardía, para atraer a una pequeña cofradía de amigos que lo admirábamos. Lo que Carlos quería era ir a la playa, no a clases. Yo tenía un auto precioso, él no tenía carro. Le convenía, por eso, ser mi amigo. Me reía mucho con sus bromas y su inteligencia maléfica, corrosiva. Me convencía de no entrar a clases e irnos a la playa. Nos íbamos a la playa. Yo manejaba a gran velocidad. Carlos elegía la música. Yo era feliz a su lado. No sabía que estaba enamorándome.

Carlos me inició en la marihuana y la cocaína. Su hermano mayor era oficial de la marina y le regalaba drogas de alta calidad. Carlos me enseñó a fumar marihuana y disfrutar de ella. También me convenció para aspirar cocaína. En lugar de asistir a clases, nos íbamos a las playas del sur, fumábamos marihuana y nos sentíamos libres, escandalosamente libres, gozosamente libres.

Después de unas horas en la playa, íbamos a su casa en los suburbios. Su padre nunca estaba en la casa, trabajaba mucho, era un tipo gracioso, risueño, lleno de amigos. Su madre tenía una enfermedad que le impedía caminar, pasaba el día en la cama, leyendo vorazmente. A sugerencia de Carlos, nos duchábamos juntos. Me jabonaba la espalda, las nalgas, como si fuese algo normal entre amigos. En aquellas perturbadoras duchas juntos, él tocándome como si no tuviese malicia erótica, comencé a desearlo, a necesitarlo, a enamorarme de él. Luego dormíamos la siesta en su cuarto. Su cuerpo cálido a mi lado era algo terriblemente perturbador. Carlos dormía y yo lo deseaba, necesitaba sus manos.

Hasta que una vez, duchándonos, quise besarlo y me rechazó, ofuscado. Me sentí ruin, abyecto, miserable. Me dijo que él no besaba hombres y que yo no le gustaba para nada. Nunca más traté de besarlo. Nunca pude darle un beso, ni siquiera uno en la mejilla. Sin embargo, seguía buscándome en la universidad, tratándome con cariño, pidiéndome que fuésemos a la playa, invitándome marihuana y cocaína. Yo vivía en un hotel muy lindo. A veces, después de la playa, íbamos al hotel a dormir la siesta. Una tarde, echado a mi lado, me pidió que se la chupase. Y se la chupé, por supuesto. Y si bien me tenía prohibido besarlo en la boca o la mejilla, a veces me pedía que se la chupase, solo eso, un ratito, un toque, antes de dormir. Carlos hacía conmigo lo que quería. Tenía absoluto dominio sobre mí. Nunca trató de metérmela. Nunca terminó a mi lado, no quería complacerme de esa manera. Me pedía que se la chupase un momento, luego se alejaba y se dormía, dándome la espalda. Era una relación extraña, enfermiza, que me volvía loco. Hasta que se hartó de mí, se enamoró de una chica linda de la universidad y empezó a evitarme en la rotonda. Ya no íbamos a la playa, no venía al hotel. Yo lo veía con la chica linda y sufría. Fue una humillación terrible. Una noche fui a su casa y le rogué que me dejase dormir a su lado. De madrugada quise chupársela y me echó de su cama, dándome un golpe en la cara. Fui a una farmacia, compré un frasco de pastillas para dormir, las tomé todas y esperé la muerte en un hotel.

Dejé de ser amigo de Carlos, dejé de ir a la universidad, me dediqué a viajar, a ganar dinero en la televisión, a consumir marihuana y cocaína con instinto suicida, como si no hubiera mañana. Una noche fui a un bar y quedé fascinado con el cantante, Dylan, que se agitaba como Mick Jagger y usaba un pantalón de cuero ajustado. Era absolutamente genial. Tenía un talento salvaje, superior. Era un encantador de serpientes. Todos en el bar, mujeres y hombres, lo mirábamos con reverencia. Al final del concierto, me acerqué a él, le invité un trago. Me conocía de la televisión. Nos metimos cocaína en el baño, yo siempre llevaba cocaína en la billetera. Esa noche terminamos tirando en mi apartamento sin muebles, echados sobre la alfombra. Dylan se echó boca abajo, se bajó el pantalón de cuero, no llevaba calzoncillos, y me pidió que se la metiera. Yo nunca se la había metido a un hombre, no sabía bien cómo hacerlo. Dylan tenía toda la pericia que yo no tenía. Me ayudó. Tiramos. Tiramos deliciosamente. Fue un momento feliz, luminoso. Luego fuimos a comer algo. Amanecía. Me sentí increíblemente dichoso. Sentí que había descubierto algo valioso, un tesoro que estaba escondido en mí. Durante meses, no falté a los conciertos de Dylan. Después nos metíamos cocaína de alta pureza, íbamos a mi apartamento sin muebles ni camas y tirábamos sobre la alfombra, siempre él boca abajo, yo entrando en él. No me la chupó una sola vez, no se la chupé, ni siquiera nos besamos. Solo se echaba boca abajo, se bajaba el pantalón y me pedía, sin mirarme: métemela. Me lo tiraba sin condón y terminaba adentro de él. Me importaba tres carajos contagiarme, si él tenía sida. No nos cuidábamos. No nos daba miedo el futuro. El futuro era salir al alba, con las primeras luces, a comer una hamburguesa. Dylan se enamoró de una chica, se cansó de mí y me dejó. La chica era preciosa. Cuando él terminaba su recital en el bar, ya no venía donde mí, se iba con la chica. Terminé destruido, humillado, duro por la coca y llorando por él.

Tiempo después invité a mi programa de televisión a un actor muy lindo, muy talentoso, de mucho éxito. Lo había visto en el teatro y la televisión. Me gustaba. Lo invité a mi programa y me gustó aún más. Después de la entrevista, fuimos a mi apartamento. Ya le había puesto una cama, nada más. El actor se llamaba Diego. Nos besamos. Fue el primer hombre que me besó en la boca, que me dejó besarlo con ardor, sin prisas. Le pedí que me hiciera el amor. Nunca me la habían metido. Quería probarlo. No hizo ascos a la invitación. Me tendió boca abajo, colocó una almohada debajo de mí, se desnudó, era extraordinariamente bien dotado, bellísimo, irresistible, y, sin ponerse un condón, a pura saliva, me hizo el amor de una manera salvaje, bestial, animal. Al principio dolió mucho y me hizo llorar, pero luego lo disfruté de una manera oscura, viciosa, inenarrable. Diego era un auténtico maestro en la cama. Nadie había tirado conmigo de esa manera, nadie me la había metido con la pasión, la virulencia y la destreza que él exhibió aquella primera vez. Fue un momento extraordinario, inolvidable. Lo amé como nunca había amado. Me sentí gay, indudablemente gay, totalmente gay. Sentí que Diego era el amante perfecto, el hombre perfecto para mí. Y lo fue durante meses. Cómo me hizo gozar, no alcanzan las palabras para describirlo. Nunca me la chupó ni me pidió que se la metiese: él era el macho, yo la chica, su chica en la cama. Su talento para tirar era notable, era un atleta sexual, se demoraba mucho antes de acabar dando rugidos, gritando como un animal, despertando a medio edificio. Lo amé. Lo amé sin reservas, para toda la vida. Pero él tenía novia, era famoso, las chicas que lo veían en las telenovelas lo amaban. Diego no estaba listo para salir del clóset y yo tampoco. Nos amábamos, pero todo era clandestino, oculto, prohibido. No tuvimos los cojones para salir del armario, largarnos del país y ser felices. Por miedo a que nos descubriesen, aterrados por los chismes y las habladurías que circulaban sobre nosotros, nos separamos, dejamos de vernos, él se quedó con su chica y yo me enamoré de una chica y nuestra pasión se fue diluyendo por la peor de las razones: por miedo a que todos nos descubriesen y supiesen que éramos amantes, putos, muy putos. Diego se casó, yo me casé, tuvimos hijas, dejamos de vernos, él me negó cuando le preguntaron por mí en entrevistas, yo lo deslicé de contrabando en mis novelas como un personaje literario y él me odió por eso. Cuando la recuerdo, viene a mi mente aquella noche afiebrada en que tiró conmigo por primera vez.

Muchos años después, ya divorciado de mi primera esposa, conocí a un joven periodista, Luis, y me enamoré de él, tanto que me mudé a Buenos Aires para vivir juntos. Era alto, tímido, delgado, muy bien dotado. Quería ser escritor. Lo perdía el mundo de la moda. Compraba mucha ropa. Me pedía que lo llevara de viaje. Yo era su primer amante, su primer novio. Luis era tímido, comedido en la cama. Me pedía que le metiera solo el dedito. Con los años fue ganando confianza y, de vez en cuando, se animaba a metérmela. Pero no era un gran amante. No era como Diego. Nunca me cogió con la ferocidad con que me cogía Diego. Ni me lo tiré tan rico como me tiraba a Dylan. Lo quise muchísimo, sin embargo. Todo se terminó cuando me enamoré de una chica y lo dejé.

El último novio que he tenido fue un novio imaginario porque él no quiso ser mi novio ni mi amante ni nada. Se llamaba Francisco. Lo conocí en Nueva York. Era modelo, muy listo, muy guapo, un cuerpo alucinante. Fumamos marihuana. Lo deseé mal. No me atreví a decírselo. Estaba con mi esposa. Fumamos los tres. Nos habló de los novios que había tenido recientemente: un millonario con casa en los Hamptons, un chico de Puerto Rico que se ponía panties negras para que él se lo tirase. Nos dijo que en las cosas del sexo le gustaba ser activo, no pasivo. Nos dijo que le gustaba que sus amantes pasivos se pusieran panties negras. Me puse panties negras imaginariamente para él. Esa noche, voladísimo, porque la marihuana era muy potente, soñé cosas tremendas con él, y se las conté todas a mi esposa, al despertar. Me había enamorado de Francisco. No pude evitarlo. Fue un huracán que me arrastró brutalmente adonde le dio la gana. Francisco me dio su email. Comencé a escribirle. Le dije que lo amaba, que lo deseaba, que me hacía cien mil pajas pensando en él, yo con panties negras. Le rogué que nos encontrásemos en Key West y nos permitiésemos un fin de semana, solo uno, de luna de miel. Le dije que mi esposa lo sabía todo. Le prometí pagarle el viaje, los viajes, todo lo que me pidiera, a cambio de que fuese mi amante. Me sentí una puta. Pero lo amaba, lo necesitaba, quería tirar con él. Francisco me decía que me veía como un amigo, que no se imaginaba tirando conmigo. Me destrozaba el ego. Pero yo insistía, le ofrecía viajes, dinero, fama, todo. Hasta que una noche llegué del programa y mi esposa me enseñó lo que Francisco había escrito en Facebook: “La Gorda Baylys me gilea y se me regala. Stay tuned!”. Nunca más le escribí. Nunca más me hice una paja pensando en él. No llegué a ordenar las panties negras por Amazon. Me puse a dieta, pero fue en vano.

33 pensamientos acerca de “Todos mis novios todos

  1. CarolinaRoca

    Hola Jaime:
    Te sigo desde que era una niña que veia tus programas nocturnos tan atrevidos donde besabas a todos tus invitados sean hombres o mujeres. Recuerdo que siempre dije que cuando fuera adulta iría a uno de tus programas sólo para que me besaras a mi también jaja (no puedo creer que esos pensamientos pasaran por mi cabeza siendo una niña de apenas 8 o 9 años de edad).
    Quiero decirte que me quedo fascinada cada vez que te leo porque en mi mente no es mi voz la que lee sino la tuya y hasta me puedo imaginar tus gestos en ciertas partes del texto. Me encanta tu estilo tan desinhibido, tan libre de prejuicios y tan preciso en los detalles.
    Espero que todo te siga yendo muy bien a ti y tu familia. Un abrazo desde Perú.

    Responder
  2. Douglas

    Hace falta ser Jaime Baily para escribir todo esto o no es necesario?
    Es admirable la libertad con la que hablas de tus vivencias, ojalá algún día no me importe el qué dirán y poder hablar de las mías con la mitad de la libertad con la que lo haces tú.
    Un fuerte abrazo Jaime, qué grande eres!

    Responder
  3. Karina

    No me da asco. Sí risa.»solo el dedito» come on! Jajaja. Por cierto. Super sensual cuando hablas de Diego, pero super arrecho y gay cuando hablas de Francisco. Buenos contrastes, lectura rápida, imaginé todo :))

    Responder
  4. Nani

    Me gusto mucho leerte en estos días, muy bueno sigue escribiendo, másque lo que pudiera ser algunas vivencias personales tiene sentimiento te lleva al lugar a lo que quieres dirigir, te empece a seguir y veo tus videos, Mil Gracias por el apoyo a Venezuela

    Responder
  5. Humberto

    Estimado amigo. Es mucha caca para empezar la mañana. Esta parte de tu vida es en la que no quiero profundizar demasiado. Sin embargo se que es parte importante de tu ser. Y mi admiración por ti es completa. Ruego a Dios, que nadie mas te haga desviar del amor que prodigas a tu linda familia. Saludos cordiales.

    Responder
  6. Sergio

    Jaime, te sigo desde hace mucho tiempo, he leído casi todos tus libros, admiro la habilidad que tienes para la narrativa. Espero que pronto vuelvas a la TV peruana.

    Responder
  7. Christopher Fuentes

    Jaime, Ojala de verdad puedas leer mi mensaje, muchas veces las personas de la television o quienes te seguimos pensamos que son extraterrestres personas que nunca leen lo que uno les envia, que es imposible este suceso, te sigo hace mucho tiempo desde Chile, he tratado de investigar todo sobre ti , tu vida , tus gustos, tu vida actual, etc. tu programa lo veo por youtube todos los dias, siempre que inicias el programa sueño con que me nombres en la dedicatoria de tu programa, le has puesto nombre y apellido a todo Chavista tal cual se lo merecen, hace un tiempo viniste a un programa llamado Mentiras Verdaderas, te espere pacientemente afuera del canal para solo poder estrecharte la mano, no fue posible, espero nunca cambies , tengo 28 años y es increíble que en los tiempos de la humanidad aun no nos demos cuenta entre lo bueno y lo malo, esto refiriéndome claramente a venezuela, todos mis amigos tienen porlomenos 1 amigo fallecido en venezuela, ellos viven aqui en chile pero es increible la cantidad de ente que se ve reflejada en tu discruso, espero un dia poder conocerte.

    te mando un afectuoso saludo y me despido con la esperanza que ojala el verdadero Jaime lea este humilde mensaje.

    Un abrazo.

    CF.

    Responder
  8. Margarita Garcia

    Que asco de narración la tuya Jaime, y tienes a esa tribuna de viejas calientes apoyando tus comentarios de aventuras de maricon profesional, si hasta una de esas se enamoro de ti, asqueroso, esta bien ser un proxeneta pero relatar con pormenores tus aventuras sexuales en un diario moderno al cual todos tienen acceso y pueden leer tu putrefacción es mas que inmoral. No estoy en contra de los gays creo que cada uno puede hacer lo que quiera con su vida, pero relatarlo en un diario va mas adelante de la razón pura. Tu eres mas inteligente que la pluma con la que escribes sonsedades, podrías utilizarla para escribir acerca de muchas cosas interesantes, cuando te metes en política la cagas, cuando escribes acerca de tus experiencias sexuales te menoscabas a ti mismo, despierta hombre y usa tu mente para algo que convenga a la Humanidad, basta de mariconadas.

    Responder
    1. Regina Galindo

      Simplemente no se meta a este diario moderno llenonde putrefacciones del que muchos disfrutamos, y se ahorra todo este discurso homofóbico tristemente enmascarado.

      Responder
    2. Roxi

      Atinado tu comentario … es también parte de tu Libertad y decir lo que te parece …no es homofobia si no que el tipo es genial para escribir pero no es necesario ser una loca, ojalá atine deje esto para su intimidad o dirigido al público mórboso que por lo que veo le encanta … llegue a aquí por un artículo político de el.. ojalá escriba más de esos temas de actualidad , de lo autodestructivo de la droga que te puede llevar al suicidio y como salir de ello .. algo constructivo y la verdad no mariconadas que sacien su mente retorcida y lívido Oda… nadie se puso a pensar que si Diego Bertie lo negó es por que no quiere que se sepa esta parte de su vida y está en su derecho … no se ponen a pensar lo que pensarán sus hijas , un poco de empatía … solo por que este señor se quiere deleitar en sus recuerdos.

      Responder
  9. Ximena

    ¡Me encantó! Te sigo desde el año pasado (Por No se lo digas a nadie). Me encanta esta parte de ti, tan directa, sin vergüenza de nada, “sin pelos en la lengua”. Gracias por compartir estas historias. Eres libre. Ojalá te animes a ser presidente algún día.

    Responder
  10. Pepe

    Directo y punto. Siempre genial Jaime, un buen escritor y periodista. Te leo desde los 19 años, justamente con tu primera novela: «No se lo digas a nadie», y ahora, con 35; simplemente eres mi escritor favorito.

    Responder
  11. Patricia

    Jaime te admiró demasiado… Tu franqueza con la que describes las cosas es maravillosa.
    Ojala todo el mundo fuese tan franco como tú, ojala todos tuvieran los cojones para decir la verdad sobre pasado.
    Mi admiración es tanta que creo que me estoy enamorando de ti
    Eres sensacional yo NUNCA ME PIERDO TU PROGRAMA…NUNCA !!!
    soy de Costa Rica,pero vivo en San Juan,Puerto Rico !!!
    Te envio un beso grande Jaime !!!

    Responder
  12. Patricia Salazar

    Jaime te admiró demasiado… Tu franqueza con la que describes las cosas es maravillosa.
    Ojala todo el mundo fuese tan franco como tú, ojala todos tuvieran los cojones para decir la verdad sobre pasado.
    Mi admiración es tanta que creo que me estoy enamorando de ti
    Eres sensacional yo NUNCA ME PIERDO TU PROGRAMA…NUNCA !!!
    soy de Costa Rica,pero vivo en San Juan,Puerto Rico !!!
    Te envio un beso grande Jaime !!!

    Responder
  13. Yanet

    Bayly no me pierdo tus columnas tan francas y directas es lo q adoro de ti , el mundo esta lleno de personas con doble moral , tu te muestras tal cual , algunos te odiarán, yo por el contrario te admiro y quiero

    Responder
  14. Mari

    Antes de iniciar la lectura recordé cuanto aprecio siento por tus artículos, a medida que continuaba la lectura sentí algo raro… Esta forma tuya «descarada», honesta y sincera de relatar paso a paso tus amores, tus experiencias sexuales y no sólo eso sino tu vida es como una cachetada, un balde de agua fría para quién no está acostumbrado a estás narraciones… Vivo en Europa pero soy peruana de nacimiento y ya adulta me mudé aquí ; dónde la sociedad es , según yo, open mind. Es una lucha continua por querer ser uno mismo y superar el que dirán … Incluso aquí. Me gusta cómo escribes y describes bien todo sin pelos en la lengua.

    Responder
  15. Emanuele Minghetti

    No soy un seguidor tuyo, de hecho, estoy en las antipodas de tu pensamiento conservador (y gay como una gran mayoria de los conservadores que lo ocultan). Pero lo que detecto en lo que nos cuentas es que solo «te enamoraste» de una mujer para esconder de mundo tu verdadero gusto por los hombres. También nos dejas en claro que los milicos son re corruptos, drogadictos, entre otras cosas. La verdad, sos una verguenza del conservadurismo de Miami más anti castrista anti cualquier movimiento de izquierdas, pero al mismo tiempo sos un CARADURA. Y que a pesar de todo eso, que para mi no es malo ni bueno, trato de ser objetivo eh, me sorprende la cabida que te dieron en Miami, a pesar de todo ello.
    Que bueno que hayas podido salir del closet, ojalá que nunca te toque vivir una persecusión homofoba por tus amigos conservadores, como ya ha sucedido en muchas partes del mundo en repetidas ocasiones, sería muy ironico eso, ¿no?

    Responder
  16. Gines Flowers

    Jajajajjaja jajajajjaja, Eres u pariguayo grande (en mi pais,pariguayo es un nerd) esto esta chulisimo, has escrito tu autobigrafia, tu personalidad, como hablas en la tv y como describes esta columna es de un animal de galaxias, lo mas sencillo se aprende enseguida y lo hermozo nos cuesta la vida. Ese Francisco se lo perdiò por hedonista y gracias a Dios, en hora Buena, porque de seguro ese polvo te hubiese salido Caro. Ni una paja mas!!!!! Que tienes una mujer hermoza, en caso de que estes Recho y ella tenga la Luna, haste un Tè de cilantro y Baja esa testomorbosidad.
    Te quiero niño grande ❣

    Responder

comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*