Conocí a Alan García en 1984. Era diputado y candidato presidencial. Tenía apenas 35 años. Yo tenía un programa de televisión. Se llamaba “Conexiones”. Pertenecía a una generación posterior a la de Alan: contaba 19 años.

Lo entrevisté en una convención de empresarios. Quedé impresionado por su inteligencia, su elocuencia y su simpatía. Era un mago con las palabras, un hipnotizador. Había nacido para seducir. No había quien se resistiera a sus encantos. Parecía imbatible. Lo era.

Poco después, volví a entrevistarlo en su casa. Vivía en una torre moderna en la avenida Pardo de Miraflores. Conocí a su esposa Pilar. Argentina, cordobesa, hija de un gobernador de Córdoba, me pareció una señora tan bella como distinguida. Poseía una elegancia natural. Luego de la entrevista, Alan me mostró algunos libros de su vasta biblioteca. Citó de memoria varios poemas de Neruda. Recitó “Alturas de Machu Picchu”, el poema de Neruda. Quedé impresionado por su vasta cultura, infrecuente en un político de mi país. Sentí genuina simpatía y admiración por él. Pensé que hasta podía votar por él. Estaba equivocado. El destino se ocupó de torcer esos planes, sabotear esa incipiente amistad.

Un líder histórico de su partido, Andrés Townsend, hombre de honor, que había fracasado en su intento de ser candidato presidencial en las elecciones de 1980, me llamó a su casa, diciendo que debía transmitirme un mensaje urgente. Acudí, presuroso. Townsend me llevó a su biblioteca y dijo:

-Alan está loco. Sufre de trastornos mentales. Tenemos que impedir que llegue al poder. Sería una catástrofe para el Perú.

Luego me contó que Alan había sido internado varias veces en la clínica San Felipe de Lima, donde lo habían sometido a la cura del sueño, durmiéndolo con sedantes para que saliera de profundas crisis depresivas, o para que se calmase de virulentos estallidos maníacos, o para salvarlo de hacerse daño. Le prometí que usaría esa información tan pronto como pudiese.

-Tienes que preguntarle si le han hecho la cura del sueño -me dijo Townsend-. El Perú tiene que saber que es un loco peligroso.

Quedé muy perturbado luego de aquella conversación. Los dueños del canal, tres hermanos encantadores, veían con simpatía a Alan, y uno de ellos era su íntimo amigo y confidente. Yo sabía que, si le hacía esa pregunta a Alan, estaría en problemas. Sin embargo, sentía que mi misión era informar a los peruanos de aquella zona oscura del candidato favorito para ganar la presidencia.

Una semana antes de la primera vuelta electoral, uno de los dueños del canal me dijo que Alan daría su última entrevista de campaña en un programa llamado “Pulso”, que se emitía los lunes por la noche. En ese programa había un moderador y un panel con cuatro periodistas que hacían las preguntas.  El dueño me pidió que estuviera en el panel y preguntó:

-¿Lo vas a tratar con cariño, no?

-Sí, claro -le dije.

Pero estaba mintiendo. Porque horas antes de que el programa se emitiera en vivo, decidí que haría la pregunta kamikaze, aun a riesgo de que me despidieran. No solo pretendía que Alan se viese obligado a confesar que sufría de trastornos mentales y le habían hecho la cura del sueño, sino, vaya si era ingenuo, quería evitar que llegase al poder. Me creía tan poderoso que pensaba: si le hago la pregunta y lo humillo y queda en ridículo, perderá las elecciones y yo quedaré como un héroe. Me enternece recordar la estupidez de mi candor.

Cuando el moderador me concedió el turno de mi primera pregunta, hice acopio de valor y pregunté:

-¿Alguna vez ha estado internado en una clínica de salud mental? ¿Le han hecho la cura del sueño?

-Su pregunta es un golpe bajo que no voy a responder -dijo Alan.

Tan pronto como terminó el programa, mis compañeros del panel me dijeron que me había metido en unos líos serios. Tenían razón. Días después, cuando Alan ya había ganado, uno de los dueños del canal me llamó a su despacho y me dijo en tono cordial que, si quería continuar trabajando en esa televisora, solo podía hablar de política internacional, ya no de política peruana y, sobre todo, no de Alan García, quien, como era previsible, triunfó en la primera vuelta de un modo tan abrumador, empequeñeciendo a sus adversarios, que no hubo ya necesidad de ir a una segunda votación. Alan llegó al poder, juró como presidente, redimió a su partido de los fracasos históricos. El país entero estaba rendido a sus encantos, hincado de rodillas ante él. Yo no podía aceptar la censura que me imponía el canal. Renuncié. Me quedé sin trabajo. Ningún canal quería contratarme, sus dueños temían que esa insolencia les costase caro. Alan me había derrotado.

Semanas después, tuve la extraña fortuna de que me contratasen para presentar un programa de política internacional que se grababa en Santo Domingo. Se llamaba “Planeta 3” (porque el tercer planeta del sistema solar es la Tierra, qué nombre jalado de los pelos). Era un programa de política internacional. Yo era el moderador y tenía tres invitados sentados en un panel, a quienes sometía a mis preguntas. Viajaba todos los meses a Santo Domingo para grabar el programa. Los cinco años largos, espantosos, que duró el primer gobierno de Alan, estuve fuera de la televisión peruana (solo pude regresar en 1990, con un programa que se emitía todas las noches, cuyo propósito era colaborar con el triunfo de Vargas Llosa). Vivía entre Lima, Santo Domingo y Miami, siempre en hoteles.

Cuando Alan todavía gozaba de una prolongada luna de miel con los peruanos, allá por 1986, uno de los dueños del canal intentó que nos reconciliásemos. Me pidió que viajase a Nueva York y me presentase en el hotel Waldorf Astoria, donde estaría alojado Alan, quien hablaría en Naciones Unidas, y le pidiese una entrevista y presentase mis disculpas por la pregunta sobre su salud mental.

-Alan te va a perdonar -me dijo el dueño-. Y te va a dar una entrevista. Pero tienes que comenzar disculpándote.

Viajé a Nueva York. Me presenté en el Waldorf Astoria. Mi plan era pedirle la entrevista: si me la concedía, no me disculparía y le haría de nuevo la pregunta que no había querido responder. Me anuncié en la recepción. Me dejaron esperando un par de horas. Cuando finalmente entró Alan con paso imperial, mirando desde el olimpo de sus dos metros de altura, quise acercarme a él, pero dio instrucciones a sus custodios de que lo impidiesen. Me miró con desdén. Luego entró en el ascensor, me dirigió una última mirada envanecida y las puertas se cerraron. No hubo disculpas, reconciliación, entrevista. Alan tuvo la astucia de sospechar que, si me daba la entrevista, yo no me replegaría, seguiría incordiándolo. Por eso no quiso dignificarme y me hizo sentir un bicho. Esa noche, en un bar, una reportera de televisión muy guapa, consentida de Alan, me hizo una confidencia:

-Alan me ha dicho que él es Mozart y tú eres su Salieri.

Me dolió. Me sentí humillado. Pero era verdad: Alan era Mozart, un genio absoluto de la política, la seducción, la hipnosis colectiva, un hechicero, un mago. Yo era su Salieri envidioso, rencoroso: nunca podría ser tan brillante y encantador como él, estaba demasiado lastrado por mis vicios, defectos e imperfecciones como para alcanzar las cumbres del poder, la gloria inmortal. Yo hubiera querido ser como él, un político de formidable talento, pero ya entonces sabía que, además de las mujeres, me gustaban también los hombres, algo que me esforzaba tontamente por encubrir, y por eso comprendía con una cierta melancolía que nunca llegaría a ser un presidente amado, adorado, como Alan. Recuerdo que aquella noche, en el bar de Nueva York, le dije a la reportera:

-Yo no aspiro a la gloria de la política. Yo quiero ser un escritor. Estoy escribiendo un libro. Yo no soy su Salieri, porque aspiro a la gloria del escritor.

Pero estaba engañado: en verdad, Alan era Mozart y yo era su Salieri. Una vez más, me había derrotado. Su inteligencia y su astucia me sobrepasaban largamente.

El tiempo puso las cosas en su lugar. Su paso por el poder, a tan precoz edad, puso en evidencia que no era una persona del todo estable. Yo tampoco lo era. No sabía entonces que era bipolar, quizás como el propio Alan. Es decir que la nuestra fue una pelea épica de dos locos que no sabíamos que estábamos locos.

Años después, en 2001, cuando Alan había regresado de París y era nuevamente candidato presidencial, y había pasado a la segunda vuelta contra todo pronóstico, enfrentando al cachafaz de Toledo, fui a visitarlo a la casa de su partido. Me recibió en privado. Nos dimos un apretón de manos, nos confundimos en un abrazo, nos perdonamos, olvidamos los agravios del pasado, enterramos los rencores. Alan se sentía un ganador, una leyenda, una criatura casi mitológica: había salvado la vida, pues Fujimori ordenó matarlo, y escapado con astucia de la sañuda persecución de esa dictadura, y ahora estaba de regreso, cerca de volver al poder, acallando a sus enemigos y envidiosos de toda la vida. Yo, en cierto modo, también me sentía un ganador: había conseguido ser un escritor, publicado varios libros en España, y la crítica en ese país había sido benévola con mis novelas, y ahora hacía un programa de éxito en Lima, “El Francotirador”. En un gesto de gratitud y caballerosidad, correspondiendo a la visita que le hice, Alan me concedió una entrevista de una hora en televisión. Vino al estudio con Pilar, su mujer. Me atreví a hacerle de nuevo la pregunta de 1985. Negó que tuviese problemas mentales. Le recordé que me había censurado. Lo negó. Le pedí que pidiera disculpas por su primer gobierno paupérrimo. Lo hizo. Cuestioné su vida desahogada en París. Se defendió con sagacidad. Al final de la entrevista, no éramos amigos, pero tampoco seguíamos siendo enemigos. Improbablemente, nos habíamos reconciliado. Alan ya no era tan soberbio como en su juventud. La larga travesía por el desierto había rebajado el tamaño colosal de su ego.

Cinco años después, cuando pasó a la segunda vuelta con el espadón de Humala, apoyé públicamente a Alan y voté por él. Luego, ya siendo presidente, me burlé sin compasión de él todos los domingos desde “El Francotirador”. Alan no llamó al dueño del canal a quejarse, a pedir que me sacase del aire, o, si lo hizo, nunca me enteré. Había aprendido la lección. Había forjado una tolerancia a la crítica, aprendido a ser un estadista que entendía el papel irritante de la prensa. Mis críticas feroces, mis bromas desalmadas, mis dardos envenenados de cada domingo, no le hicieron demasiada mella, no socavaron nuestra amistad o, cuando menos, no erosionaron nuestra alianza de mínima cordialidad. No me guardó rencor. No me sumó a la lista negra de sus enemigos. Entendía que su oficio era administrar el poder, y el mío, criticarlo, burlarme de él.

Sé que no me guardó rencor porque, al final de su segundo mandato, cuando mi nombre apareció entre los candidatos presidenciales más favorecidos en las encuestas, le pedí una cita secreta y me recibió en la casa de gobierno a medianoche. Le conté, ya casi como amigos, deslizándonos al terreno de las confidencias, mis problemas de salud mental, de bipolaridad e insomnio, y hasta enumeré las pastillas, no pocas, que tomaba. Le dije que no sabía si debía inscribirme como candidato. Me animó resueltamente. Me dijo que tenía la oportunidad de pasar a la historia. Habló de la gloria insuperable de servir a los más pobres. Me dijo que podía ganar, si defendía una agenda liberal y me convertía en el candidato de los jóvenes. Fue sumamente generoso conmigo. Me aconsejó en tono paternal, sentí que me tenía genuino afecto. Dijo que, si me lanzaba como candidato, él me apoyaría.

Pero yo no sabía si lanzarme o no. Temía que, si me lanzaba, dejaría de ser un escritor. Temía que, si entraba en política, nunca conseguiría salir de esa ciénaga en la que acababan hundiéndose culpables e inocentes, héroes y villanos. Temía que la descomedida pretensión de la gloria me condujese al precipicio, al despeñadero.

En medio de aquellas tribulaciones, invité a Alan a cenar en mi casa de San Isidro, en Lima. Vino con su novia, una mujer encantadora. Volvió a animarme para ser candidato presencial. Me recordó que debía defender una agenda moderna, libertaria, que capturase la imaginación de los jóvenes. Le dije que no tenía dinero para financiar la campaña. Se rio. En tono paternal, me dijo que, si inscribía mi candidatura y despuntaba en las encuestas, la plata llegaría sola, pues los empresarios más poderosos solían precipitarse a financiar las campañas de los candidatos con posibilidades de ganar. Tenía razón. En efecto, la plata llegaba sola. Poco después, el representante de Odebrecht se ofreció, en una cena en el club Nacional, a financiarme la campaña presidencial. Para comenzar, podía darme un millón de dólares.

-Tú entiendes que no es una donación, sino un préstamo -me advirtió.

Era evidente que, si yo ganaba, lo que parecía harto improbable, dado mi historial de escándalos, mi conducta disoluta y mis trastornos bipolares, tendría que pagarle la deuda, concediéndole obras públicas millonarias.

Por suerte, tomé la decisión de no inscribir mi candidatura presidencial. Recordé lo que le había dicho a la reportera en Nueva York: yo no quiero ser un político, quiero ser un escritor.

Aquella fue la última vez que vi a Alan: en mi casa de San Isidro, en Lima, en 2010. Luego nos distanciamos: conté en una columna que me había espoleado a ser candidato, diciéndome que la plata llegaría sola. No debí hacerlo. Fue una infidencia. Era una cena íntima y lo que allí se habló debió preservarse en secreto. Pero no soy bueno para guardar secretos: mi familia lo sabe bien.

Esa noche, en mi casa, Alan me dijo que creía en la vida eterna, que a menudo se le aparecía el espíritu de Haya de la Torre, el fundador de su partido, que estaba seguro de que se reuniría con Haya y con su padre, Carlos, en la vida eterna. Espero que ahora se encuentre en tan buena compañía.

Alan: fue un honor ser tu enemigo y brevemente tu amigo. Te extrañaré. Que Dios se apiade de tu alma y te conceda el descanso eterno que mereces.

Mozart ha muerto. Salieri no se alegra.

59 pensamientos acerca de “El suicidio de Mozart

  1. Linda

    Alan me pareció siempre un personaje en efecto mitológico, pero sobre todo un personaje que inspiraba pasiones extremas , quizás los que lo odiaban encuentra en su muerte una especie de injusticia porque habrían estado fascinados de verlo en una portada amarillista esposado , pero mas allá de todo sin considerarme en ninguno de los extremos creo que Alan era un politico fantástico, un hombre tremendamente inteligente, con un verbo que encandilaba , y es que era indudable palpar la genialidad de Alan. mas allá de sus errores y aciertos , considero que en Perú y en general América latina obtendría mucha utilidad de politicos con ese perfil , intelectuales , con amor al arte y sensibilidad por los que nos humaniza.

    Que Alan se encuentre donde sus creencias y convicciones lo hayan llevado , y que si lee a Bayly, lo quiera y odie tanto como siempre.

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  2. Nahum.Pinto del Rosario

    Pocas veces el bufónico quasimodo de la comparsa RESUME su propia parodia renacido como el AVE FENIX.Esa inefable acción reinvindica al exitoso y felizmente bipolar Jaime Bayly que se confiesa ante la muerte de Alan García. Sin embargo en esa prosa absolutamente pulcra y rebuscada la hipótesis de que la locura ronda la.sabiduria e inteligencia está absolutamente comprobada. Ademas el desgarrador atavío de quien con pureza de Alma; cual confesión griega reconoce y admira a otro hombre de.mayoria generacional sin las ataduras hipócrita de nuestra sociedad moderna. «El predicador traicionado.por su apostol»; que aún cuando seducido nunca lo fue, pero que encarna en dolor de haberlo traicionado en la intimidad del dialogo, que se quiera o no era de una puresa intelectual. Entonces por lo dicho, la nota «El suicidio de Mozart» – limpia la conciencia y convoca al renacer del Salieri. Sin duda alguna.

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  3. MORGAN

    SI VOLVIERAS AL PASADO Y TU MUJER DECIDE ABORTAR A TU HIJA, TÚ QUE LE DICES MUY BIEN LA EXPULSAS EN TROCITOS Y LA METES EN UN SACO DE BASURA, Y SI TUVIERAS QUE DECIDIR ENTRE LA VIDA DE TU HIJA Y TU PERRO LEO QUE DECIDIRÍAS.

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  4. Jorge Ponce

    Elegante, emotivo, directo y sutil a la vez, como siempre JB. Como comentan algunos por aqui, artículos como estos te recuerdan el placer de leer .
    Por tu acercamiento a la política peruana, y por el bien de esta, espero que siempre vuelvas, como actor o narrador estoy seguro que siempre será para mejor; más aún con los momentos actuales, grises y agridulces en la que estamos inmersos.
    Sobre AG siempre dió la impresión de ser un católico ferviente, lástima que al final pudo más su desesperación, o acaso también solo fue una impresión más como muchas otras cosas más que nos dejó. QEPD.

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  5. Desconocido

    Tú eres una criatura rara Bayly. Alan García era un buscón y tú desequilibrado. Puede ser qué tú tuvieras buenas intenciones con Peru. Puede ser. Buen escrito.

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  6. Cristian Gamboa

    Lei 2 Libros Tuyos y Segui Muchas Entrevistas Tuyas, en especial a las de Alan Garcia, Quien Mas que Tu Para Terminar con Este Capitulo Triste, Melancolico, Burlezco y Algo Malicioso..Sobre La Muerte De Alan, Palabras Exactas y El Tino Preciso Para Dar a Conocer Tu Historia A Travez De La Vida De Alan..Q.E.P.D…..

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  7. Fernando Ruiz Cabral

    Sr. Bayly, ya sabía que Ud. era brillante, pero no sabía cuánto; independientemente de lo que pueda pensar del contenido de este escrito, su redacción es pulcra y su trabajo de pensamiento impecable, sinceramente lo felicito. Usted critica a Alan García con educación y al mismo tiempo se hace una fuerte pero digna autocrítica; todo con mucha clase ¿La verdad? Usted casi consiguió en mí lo que creía imposible: Sentir simpatía y hasta empatía por Alan García. He imprimido este trabajo y lo he repartido entre personas de mi entorno íntimo, y comparten mi admiración por sus confesiones.

    Recuerdo esa entrevista de 1984, yo tenía 15 años; se lo digo porque Ud. parece tener cierto arrepentimiento sobre el cómo enfocó algunas de las situaciones que menciona; no las pormenorizaré por que sería demasiado extenso y hasta inoportuno, pero sobre esta anécdota de la entrevista le diré algo: Sin duda que a partir de esa noche su carrera se vio perjudicada por varios años, y tal vez Ud. no eligió el momento, el lugar y la forma correcta, pero en su pregunta de esa noche Ud. intentó comunicar algo a toda la nación sobre un punto importantísimo que nadie veía por estar bajo los vapores del licor de la demagogia y que iba a afectar el futuro de la nación POR DÉCADAS: La mente de esa persona no era saludable, y por lo tanto no debía gobernar el país.

    Me parece muy digno de admiración que Ud. lo respete bajo todos los ángulos de lo que representó para su persona, pero quiero decirle algo y nunca lo olvide: Al final (Y sobre todo con lo que ha ocurrido en estos últimos días) está en evidencia que Ud. tuvo la razón.

    Atentamente:

    Fernando Ruiz Cabral

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  8. Alonso

    Señor Jaime Bayly, su escritura es tan prolija…
    La primera vez que oí de usted (como escritor), fue por mi enamorada, que leía «Y de repente, un ángel». Ella, con este libro se reía y emocionaba a cada instante, yo no lo entendía. «¿Qué puede ofrecerte un personaje de la farándula?», pensaba yo.
    Pero ahora lo entiendo.
    Felicidades por su gran talento, que no dudo, fue trabajado arduamente.
    Yo ahora soy un escritor frustrado. espero llegar a mejorarme, tanto como usted lo hizo.

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  9. Amante de la belleza

    Querido Jaime el dia 16 de abril yo me encontraba en la oficina almorzando un poco aburrido por los estragos del oficio y recordaba viendo el Francontirador donde entrevistaba a Martha Hildebrant donde le preguntabas a quien salvaria si Alberto Fujimori y Alan Garcia se estuvieran ahogando y ella te respondio Fujimori porque pesa menos. Luego recorde un video en you tube el cual se titula Alan García en: La Venganza de Jaime Bayly (1/2) y (2/2). Me reia y me alegraba el alma con el humor que te caracterizaba en aquel programa de canal 2 . Al dia siguiente cuando me alistaba para ir a la oficina vi que en el titular noticiero de frecuencia latina decia La muerte de Alan Garcia ó algo por el estilo no me fije bien pero no podia creerque habia muerto pensaba que a Alan le habia dado un paro cardiaco ó por la detencion que se rumoreaba y que ya iba a ser una realidad cuando el juez ó el fiscal ordeno su detencion cuando me entere por el celular buscando noticias sobre la muerte de alan me entere que se habia disparado se me hizo un NUDO en la garganta y cuando lei la carta que dejo alan a sus hijas senti un nudo mas fuerte en la garganta y cuando despues me entere que aquella carta que le habia dado 3 meses antes a su secretario para que la guardara y para que luego le recordara que aquella carta era para su familia se me hizo un nudo mas en la garganta creo que fue un hombre imponente pero al mismo tiempo en camino a la oficina mirando por las ventanas del mototaxi que me llevaba por el camino pensando en el y la forma en como termino senti pena no por el si no por la forma en como se habia suicidado sentia que queria llorar y por ratos me preguntaba a mi mismo porque tengo esta sensacion si gracias a su gobierno Monsanto esta dando cancer al Peru cons sus alimentos transgenicos y las tristezas y humillacion que sentian mis familiares por sus 2 gobiernos pero comprendi que detras de todo lo que fue, y que aún nos falta por conocer claramente. Por como yo lo vi al menos yo hasta aquel dia me di cuenta que era un gran politico el lenguaje corporal el estilo elegante la clase como se manejaba la inteligencia en todas sus dimensiones y todo lo demas que era importante y aparte un buen profesor la despedida que tuvo con sus estudiantes un dia antes de su suicidio quise soñaba por un momento como alan no fue mi profesor soñaba a que Alan garcia fuese mi profesor senti molestia por la gente que lo juzga haciendo fuego del arbol caido su manera de expresarse como cuando te dijo Jamas le dije a Jaime bayly que la plata llega sola porque no soy IMBECIL.

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  10. Fito

    Yo creo que tú eres otro genio , nosé si el puede peruano te hubiera elegido presidente pero la huebieras luchado palmo a palmo y talvez triunfado Pero te falto huevos para salir de tu zona de confort y cortar esa mala hierba de la corrupción pero aún estás a tiempo de ser candidato cairia bien tu candidatura en esta época de políticos corrupto

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  11. pucp 82

    que bueno tu comentario de que odebrecht ofrecio financiar tu campaña con UN MILLON de dolares!

    que tales personajes estos… que existen en todo el mundo….de la que te libraste jaime!

    una goma de mascar!

    sobre Alan–mozart se suicida
    buena figura

    gracias por tu lucidez precisa

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  12. Mauricio D Almeida

    ¡Brillante crónica!
    Eres un ejemplo para los que amamos escribir, escribir sientiendo.
    ¡Un gran abrazo!
    «Toda el agua conduce al mar». Allá vamos todos.

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  13. Antonio Funes Araujo

    Sinceramente Jaime, te felicito por tan excelente artículo, te atrapa y no quieres dejarlo de leer. Con las disculpas del caso, supera tu programa, el cual lo veo aquí en San Salvador en el canal 19, a diario…

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  14. ursula

    Eres un capo Jaime me siento impresionada por tus palabras ………..y tus escritos wow!!!!!! locura que conlleva a la «LOCURA» no soy lectora habitual pero tu….me haces sentir y creer que debo leer que ayuda a la mente , alma y al corazon….gracias!!!! CAPO….!»

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  15. Diasara Espinoza

    Hola Jaime eres seductor por naturaleza
    Tus escritos son tan sinceros y tan agradables de leer que nunca aburres. Que buen título, ya me preguntaba yo por qué Mozart y cuando leí de su origen es entendible del gran ingenio y astucia de Alan García. Es tu digno enemigo, alguien tan inteligente e interesante.

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  16. Andres

    excelente nota Jaime. y la verdad yo me alegro por la muerte de este desgraciado aunque dicen que no hay que desearle la muerte a nadie, este infeliz le cagó la vida a mi abuelo y en parte a mi familia toda, en su primer gobierno estatizó el Banco Amazónico que había fundado mi abuelo y sacando lo que sea realmente fue una cuestión de atacar a quien podía y como el banco era como un hijo para mi abuelo donde tenia puesto gran parte de lo ahorrado por el durante su vida, mi abuelo quedó muy golpeado y la verdad nunca se recuperó de esa, así que me alegro por la muerte de este hijo de puta y que se pudra en el infierno.

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  17. Jannet Sánchez

    Genial como siempre, me encanta este artículo sobre Alan, es una verdad contada de una forma exquisita, sobretodo «Mozart ha muerto y Salieri no se alegra»

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  18. Cesar

    Te soy sincero. Hace mucho que no leía.
    De pronto me ha provocado leer algunos artículos tuyos en medio de la madrugada, sabiendo que mañana 6am tengo que estar despierto y salir a trabajar en lunes de tráfico. Con respecto a lo de Alan, da pena que se haya suicidado. Ahora sí la justicia es justicia pronto debiéramos ver a Suzana y Castañeda en prisión preventiva

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    1. Al

      No eres el
      Único al que ese HDP no le arruinó la vida lo bueno es que el se salió de este mundo por la puerta más cobarde y la más fácil el suicidio solo alguien como el puede buscar esa salida ya está
      Muerto

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  19. Walter Iván

    Sobre la columna; cuán interesante seducción, es un redacción natural, propia de un mente singular, que nos lleva a leer sin pensar en el tiempo o largo que se torne los multiplex parrafos que hay que leer. Es inegable el talento.
    «Que poca o nula costumbre hay para leer, peor aun para redactar.»
    Por otro lado, haber nacido o vivir en A o B país no determina a nadie, solo hace la difetencia entre las oportunidades de desarrollo económico, más la mental la consigues, si uno la busca, estés donde estes.

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  20. Edward

    El suicidio No es un acto de honor , es lo que yo le diría a mi hijo ,Alan No es un mártir , No es ni Grau ni Bolognesi , es un padrón que se enriqueció con el dinero del pueblo , y Pilar Nires es una gran señora no lo dudo que tiene 21 inmuebles a su nombre , No hijo no mires este ejemplo …

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  21. Carolina Detrinidad

    Hola Jaime que placer leer siempre tus reflexiónes, me encanta leerte siempre quisiera sí podías mandarme un saludo desde Nicaragua, me harías muy feliz, saludes y besos

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  22. LinaD

    AL menos En la historia del Peru figuran expresidentes encarcelados. Pero como Colombiana me indigna que por más culpables, que sean los ex presidentes, corruptos, matones tanto de izquierda como de la extrema derecha, narcos y untados de pies a cabeza con el caso de Odebrech nunca pisaran una carcel. Mis queridos Peruanos como dicen nuestras abuelas siempre existe un vecino en peores condiciones que uno.

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  23. ELVIA

    Trato de analizar algo de lo mucho por analizar, en un punto llego a la generacion de los milenials que con sus memes hicieron una guerra cibernetica en la que Alan no quiso entrar y al contrario sufria, le molestaba, no entendia que quienes hacian eso no valen mucho. Una grafista y un programador, un gift de Alan defendiendose hubiese hecho la diferencia. Las personas mas talentosas tambien tienen grandes tormentos.

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  24. Brigitte Witt

    Alan no es Mozart, ni tú Salieri. Hoy a las 10pm trasmiten la entrevista que le hiciste. Tú, ahí, estás mil veces más churro que él. Entonces en ese aspecto le llevas ventaja. Es verdad que ser político en el Perú lleva un riesgo enorme. El país está en el caos. No sé quién podría ser el próximo presidente.

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  25. Gines Flowers

    No hay duda de que ese suicidio te pegò duro.
    Tu hiciste tu trabajo, todos saben tu linia, periodista polemico y controversial. Que te quede la honrra!!!
    Al final demostrò wue si era loco. Nunca escuchò su conciencia, solo oìa voces, Las que el queria oir.
    Lamentablemente Dios no perdona al que se quita la vida.
    Que descansen en paz sus familiares, que para eso no hay que MORIRSE.
    Y tu mi Jaime, maneja tu bipolaridad con altura, somos muchos con ese mal.
    Eres el mejor periodista de la bolita del mundo mundial.
    Te quiero niño grande ❣

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  26. René Martin

    El Perú y en general América latina fue colonizada por gente desterrada de Europa por la miseria, guerra o hambruna, existen libros que afirman que el Perú fue inicialmente colonizada por europeos con transtornos mentales, vivo en el exterior hace 20 años y puedo fácilmente identificar a un peruano, no sólo por su aspecto andino, sino porque es muy olvidadizo de sus documentos y pertenencias, amante de hablar falaceas y fantasías inexistentes o existentes solamente en su mente alucinante, es parco, envidioso y violento, herencia de los incas y preincas, y el peruano de clase media y alta es un caso aparte, necesita empleados y esclavos para que le hagan todo hasta cambiar un foco, es un ser petulante, perezoso, agresivo, pasa sobre los otros y no le gusta recibir ninguna reprimenda, un niño terrible o un niño Goyito, cuando está en su país piensa que los policías y autoridades son seres subalternos, el perú es propiedad de pocos e infierno de muchos tierra de esquizofrénicos y Lima, Lima es un infierno mayor, provecho a los que se sirven.

    Responder
    1. Raul Mendiola

      Rene Martin, esa percepción que tienes de los peruanos es tan burda, generalizada, distorsionada, y ofensiva que cualquiera diría que eres un chileno racista y de baja cultura, pues abunda gente de esa nacionalidad que habla mal de los peruanos. Y si no eres chileno, igual destilas desprecio y racismo. Se nota tu baja calidad moral.

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      1. RENÉ MARTIN

        Típico comentario de quien no tiene más argumento que la ofensa, pruebo y compruebo mi apreciación señor Mendiola, agresivos, ven solo una realidad fantasiosa e inexistente , y si le duele la verdad, tómese una aspirina pero no venga a tapar el sol ☀ con un dedo, si le gusta la injusticia, el desorden y la violencia, provecho, esta en el lugar cierto, y NO al racismo en el peru, que NO se discrimine al 0.001% de blancos que aún quedan, no se les cobre de más, no se les llame de blanquiñosos venteados, etc, Disfrute su paraíso Mendiola, se lo dejará de herencia a sus hijos, provecho nuevamente

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        1. Raúl Mendiola

          Rene Martin, queda confirmado que lo más probable es que seas un típico chileno anti-peruano, de esos con complejo de superioridad que se alucina de una raza superior. Hablas de insulto, cuando lo primero que haces es generalizar groseramente denostando de los peruanos en medio de un foro que es para comentar un artículo de Jaime Baily, prestigioso escritor peruano, sobre el suicidio de Alan garcía. Tu horrorosa ortografía tanto como la falsedad de tus datos (en Perú somos 7% de blancos, según datos recientes, y no 0.001%) dice mucho de tu nivel, de lo poco que conoces al Perú, y de lo venenoso de tu comentario. No voy a caer tan bajo como tú y hablar gratuitamente mal de otras nacionalidades, pero en este caso no puedo quedarme callado ante tanto improperio contra mi país.

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          1. René Martin

            Quedate con tu país de mayoría blanca ese apabullante 7% no me dejara dormir, y tus hijos se mezclarán con alguna de las tribus locales para tu orgullo, y colócate el país donde no le de el sol ☀, bon appétit !!

  27. Arnaldo Medina

    Muy bueno e interesante. Cuando escribes de politica te sale muy bien, brillante. Deberias escribir mas sobre temas serios politicos y desnudar las triquiñuelas economicas de corrupcion tipo Odebrech.

    * Si sabias que era loco porque no dijiste antes sino ahora recien

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    1. MAXIMO ENRIQUE ALBURQUERQUE AVILA

      NO ESCRIBIO POLITICA SINO SU EXPERIENCIA COMO ENTREVISTADOR A UNOS DE LOS PRESIDENTES DE PERU MAS INTELIGENTE Y CARISMATICO DE LA VIDA PRESIDENCIAL .

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comentarios

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