Barclays ha fracasado: toda la vida ha soñado con una quimera, la de ser un escritor, la de vivir como un escritor, y no lo ha conseguido.

Si bien ha publicado un puñado de novelas, un libro de cuentos y un volumen de poemas, si bien sus biografías en las redes sociales aluden a él como un escritor que ha ganado un par de premios y ha sido traducido a varios idiomas, no ha logrado vivir de las ventas de sus libros, de las regalías que percibe como escritor.

Es decir que Barclays escribe un par de horas todas las tardes, incluyendo los domingos, y publica un libro cada dos años, pero no se siente un escritor, orgánicamente un escritor, cabalmente un escritor, porque no vive como un escritor a tiempo completo, no puede vivir de las regalías de sus libros, tiene que trabajar como periodista de televisión para ganarse la vida.

¿Podría Barclays renunciar a la televisión y vivir tan solo de las regalías de sus libros? Sí, podría. Nadie le impide hacerlo. Pero, si lo hiciera, se condenaría a vivir pobremente. ¿Está dispuesto a vivir pobremente, tiene el coraje de vivir pobremente, como un escritor que no hace concesiones? No, no está dispuesto, no tiene ese coraje. Desde niño está acostumbrado a vivir con privilegios, sin privarse de nada, sin mirar el precio de los platos en un restaurante, sin apretujarse a volar en clase económica, y ahora, con cincuenta y cinco años, a punto de cumplir cincuenta y seis, ya es tarde para que se convierta en un escritor austero.

El problema, además, es que Barclays parece haber nacido para salir en televisión. Lo hace naturalmente bien. Lo hace desde que tenía dieciocho años. Tiene el don de hablar en público. Le encanta hablar, opinar, sentenciar. Le encanta insultar elegantemente con palabras musicales. Le encanta ser famoso, tomar partido, irse a la guerra para defender sus convicciones. Por eso ha tenido éxito en la televisión. Por eso la televisión le paga bastante dinero. Lo que Barclays gana en un mes de televisión es cincuenta veces más, a veces hasta cien veces más, de lo que gana en un mes por concepto de regalías de sus libros. Si dejara súbitamente la televisión, sentiría que ha caído en la más oscura pobreza. No ha nacido para ser un escritor pobre. No tiene el talento ni el coraje.

Barclays cree en el mercado, en el libre mercado, en la mano invisible del mercado que asigna sabiamente los recursos. Creyente en el libre juego de la oferta y la demanda, se ha ofrecido desde muy joven como hombre de televisión y, al mismo tiempo, como escritor. El mercado, es decir los consumidores, los individuos, lo ha preferido masivamente, con mucha diferencia, como periodista de televisión, no como escritor. Los números no mienten: millones de personas ven a Barclays todas las noches en la televisión, su programa se ve en ocho países de América, incluyendo los Estados Unidos, y luego globalmente por las redes sociales. En cambio, solo miles de personas compran los libros de Barclays en lengua española, principalmente en España y en ciertos países de América. Es decir que mucha más gente compra a Barclays como hombre de televisión que como escritor, mucha más gente lo prefiere hablando que escribiendo, mucha más gente lo demanda en su programa, no en sus libros. La diferencia es abismal: en promedio, tres millones de personas ven su programa cada noche; en promedio, sus libros venden treinta mil ejemplares cada año. Es decir que el Barclays escritor tiene, en términos de mercado, una dimensión equivalente al uno por ciento, o menos, del tamaño que tiene el Barclays periodista de televisión. Quiere decir entonces que, si Barclays dejara la televisión, tendría que empequeñecerse un noventa y nueve por ciento en el mundo de los negocios.

¿Debería Barclays ser un artista insobornable, incorruptible, y dejar el mundo circense y exhibicionista de la televisión, y vivir como un asceta, como un monje anacoreta, tan solo de las ventas de sus libros? ¿Escribiría mejor si dejase la televisión, si dejara de exponerse mediáticamente? ¿Sería un hombre más feliz? ¿Dejaría de meterse en problemas políticos y podría aspirar, como artista, a llegar a más lectores, sin importar los colores políticos de sus lectores? ¿Es cobarde y pusilánime porque no se atreve a vivir pobremente como un escritor y está dispuesto a negociar su integridad artística para vivir con el desahogo de un ricachón?

Todas estas preguntas han perturbado y hasta atormentado a Barclays durante décadas, más todavía desde que conoció y fue amigo del escritor chileno Bolaño, quien no tenía miedo a vivir pobre y libremente, como un gato sin amos ni dueños. El gran sueño de Barclays no era ser un famoso de la televisión, era ser un escritor a tiempo completo, capaz de vivir de sus regalías. Lo ha perseguido con tenacidad, con tesón, con porfía. Ha fracasado, sin embargo. Tal vez porque quería vivir cómodamente como escritor, no ha podido conseguirlo. Su éxito en la televisión es, a la vez, su fracaso como escritor, o su fracaso como escritor en el modelo Bolaño, en el arquetipo de escritor-gato sin dueños ni amos.

En un par de ocasiones, Barclays se atrevió a dejar la televisión para vivir la utopía largamente acariciada, postergada: basta de maquillarse y vestir traje y corbata, basta de hacer entrevistas y pontificar de política, ahora solo me dedicaré a escribir ficciones, a ver ficciones, a leer ficciones, de manera que el mundo de la política y sus actores mercenarios me resultará irrelevante, prescindible, y con seguridad escribiré mejores novelas, mejores relatos. En ambas ocasiones, Barclays vivió de los ahorros que había amasado como periodista de la televisión. Su primer sabático literario duró no uno sino dos años y le alcanzó para escribir en Washington y publicar en Barcelona su primera novela. Diezmados sus ahorros, y a pesar de que esa novela vendió quince ediciones en España, Barclays tuvo que volver a la televisión. Años después, se tomó otro sabático que duró no uno sino tres buenos años. Se mudó a Buenos Aires, fue profesor visitante de la universidad de Georgetown, viajó libremente por el mundo, dilapidó sus ahorros como si fuera a morir pronto, se dio el lujo de vivir la vida tantas veces soñada: en Buenos Aires, enamorado hasta los huesos, escribiendo como un escritor-gato sin dueños ni amos, viajando mucho, huyendo del frío. En esos tres años escribió y publicó una novela, solo una, que quedó segunda en el premio Planeta España, perdiendo por apenas un voto: la dotación económica, al quedar segundo, le devolvió a Barclays una parte de lo gastado en aquellos tres años de escandalosa libertad. De nuevo adelgazados sus ahorros, Barclays comprendió que no sería nunca como Vargas Llosa, un escritor que vivía regiamente de sus libros, ni como Bolaño, un artista que vivía moderadamente de sus libros, y se resignó a volver allí donde el mercado lo reclamaba: a la televisión, a ganar el dinero dulce y acaso envenenado de la televisión.

Allí se ha quedado, en la televisión, todas las noches en la televisión, hace quince años consecutivos, y por el momento no tiene intenciones de tomarse otro sabático en Buenos Aires ni en Washington ni en ninguna parte. Allí se ha quedado y ahora está cómodo y contento, sorprendentemente a gusto. Como es padre de tres hijas y le gusta mimarlas, como está acostumbrado a vivir como un principito consentido, como el dinero de la televisión le disuelve las dudas éticas sobre su integridad artística presuntamente corrompida o envilecida, Barclays siente una discreta e irrefutable felicidad cuando, mes a mes, comprueba, en sus cuentas bancarias, el ingreso por los dineros de la televisión, y los compara con el magro, escuálido ingreso por las regalías de sus libros. Recientemente, la editorial le pagó regalías por los dos últimos años, incluyendo el pasado, el de la pandemia: la suma era inferior, bastante inferior, a lo que Barclays gana en un solo mes de televisión. Así las cosas, y habiendo fracasado a no dudarlo como escritor a tiempo completo, Barclays piensa: No renunciaré a la televisión, no me tomaré otro sabático, tendrán que echarme a palos, tendrán que despedirme del programa y sacarme a rastras con matones.

Barclays no sabrá nunca si hubiera sido un mejor escritor, de no haberse dedicado desde tan joven a la televisión. Pero le queda un consuelo: mal que mal, ha hecho una carrera en la televisión y una carrera paralela como escritor, y ha conseguido que muchos de sus espectadores se conviertan en sus lectores, y ha evitado que su éxito en la televisión lo idiotice o frivolice tanto como para dejar de escribir. De manera que, si bien no es un escritor a tiempo completo, continúa escribiendo cuando nada ni nadie lo obliga a hacerlo, y tal vez eso, concluye Barclays, es un testimonio de su inquebrantable vocación como escritor, de su determinación de contar historias hasta el final de los tiempos.

 

 

 

 

 

30 pensamientos acerca de “El precio de un escritor

  1. Santi_bonitao

    Jaime, en su momento leí esa primera novela que como bien dijiste en tu programa hace dos días «solo debes oir tu voz, tu corazonada…» que ayer me llegó a través de un amigo a quien quiero y que me quiere bien y acaba de leer mi libro bonitão el poder de saber quien soy que cuenta las memorias de lo que me acuerdo para dar cuenta de mi camino de transformación personal. Quiero agradecerle a mi amigo, al Universo y a ti por ser el mensajero que me llega con el mensaje para hacerme sentir que he hecho lo correcto, lo que me instinto me dijo que hiciera a partir de lo que mi corazón latía porque lo contara. Gracias Jaime. Santi Fernández

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  2. Carlos S. V.

    Jaimito, lamentablemente solo tienes el oficio de escritor, màs no el talento. Eres como un dedicado carpintero con trabajo de acabado chapucero, que siempre aspirò a ser un ebanista. Si exprimièramos tus veintitantos libros, su virtuosidad tal vez no alcanzarìa ni para cubrir un par de parràfos de los novelas escritas por esos dos escritores que tanto admiras: Bolaños y Vargas Llosa.

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  3. Maleficent

    Muy entretenida las historias que nos invitas a conocer. Qué continúen por muchas décadas esas ganas de crear con pasión tus líneas ficticias.

    Feliz Cumpleaños !!!! para el escritor y el jodido conductor de televisión. ( jajaja )
    Dios lo perdone por su tormentosa vida y lo Bendiga.
    Salud por sus 56 años ..!!!!

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  4. Carmelo Cabrera

    Jaime, sé feliz, escribes muy bien. Capote era un genio y no llegó ni a los sesenta, muriendo alcoholizado y bordeando la locura. Sé feliz y no te autoflageles. Cuídate, te queremos.

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  5. Yasmín Chavez

    Me encanta verte todas las noches en televisión. Soy peruana pero radico hace 46 años en Costa Rica, antes cuando iba a Lina de vacaciones me quedaba donde una de mis mejores amigas y veíamos los domingos en la noche El Francotirador, a las dos nos fascinaba, pero un día regrese a Lima y ya no lo daban, lastima. Cuando me di cuenta de que volviste a la televisión y lo dan en Costa Rica comencé a volver a verte, no me pierdo tu programa avlasv11 de la noche. Espero que sigamos teniendo este programa por muchos años más. Dios te bendiga. Un fuerte abrazo

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  6. Ricardo Zevallos

    Me gusta que encuentres el lado positivo y quedarse, vivir con ello porque nadie porque es un costo de oportunidad y siempre tendremos eso en nuestras vidas.

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  7. Ashli

    Te prefiero como escritor y creo que eres mil veces mejor como uno. Deja la televisión, y dedícate a hacer lo que más amas. La vida no es eterna y tú tampoco.

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  8. Eugenia Isabel

    ¡Gracias por no dejar de escribir! Así sea un libro cada 3 años,o cuando se te antoje, y así seamos tan pocos los que te leamos,sigue con lo que es parte de tu ser y te hace féliz.

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  9. Cecil

    1. El primer parrafo y el ultimo son antagónicos.
    2. Coincidencia tal vez, pero hoy pensaba decirte – Gracias Jaime por distraernos con tus geniales y entretenidos cuentos dominicales en estos aciagos tiempos de pandemia irresoluta; y ademas complacernos todas las noches cuando entras a nuestro recinto con tu gracia y tu agudeza a conversarnos sobre lo bueno y lo malo que inexorablemente hacen turno en el devenir de la vida.
    3. Yo diria que cuando hay vocacion, mas que «determinacion» es -necesidad- «de contar historias hasta el final de los tiempos.» Por favor, por lo menos hasta el final de esta pandemia no dejes de contar historias – son acicate para evitar languidecer.

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  10. Carlos

    No te preocupes Barclays, es ley natural que la gente cada vez lea menos y solo escuche que es más fácil y cómodo; entonces, quienes como tu que, como Sócrates, hablan bellamente serás seguido más y ganarás más millones para tu tranquilidad.

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  11. Wendy Pasco

    Eres de lo mejor !!! Pero para q buscar tus libros si te tenemos diariamente en los medios. Tu bien sabes q tienes el éxito q muchos añoran, el éxito esquivo que todos persiguen, ese éxito que te permite escribir lo q te sale del …. y q otros no podrían!!! No cambies q así como eres te admiro

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comentarios

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