-Tengo una buena noticia –dijo mi esposa, cuando desperté, pasado el mediodía.

Mirándome con expresión risueña, añadió:

-He comprado un perro.

Quedé sorprendido: siempre que habíamos hablado de la posibilidad de tener un perro en la casa, le había pedido que ni lo pensara, pues yo me oponía de un modo rotundo, ajeno a toda duda.

-¿Me estás preguntando si podemos comprar un perro, o me estás notificando que ya lo compraste? –pregunté, alarmado.

-Ya lo compré –dijo ella, con una gran sonrisa-. Llega el martes. Tengo que ir a buscarlo al aeropuerto.

-¿Estás bromeando? –pregunté, al borde de un ataque de nervios-. ¿Vas a ir a buscarlo al aeropuerto?

-Sí –dijo mi esposa-. Llega con su entrenador. Vienen de Iowa. Allí nació. Tiene diez semanas. Es un bebé. ¡No sabes lo lindo que es!

Luego se acercó a mí y me enseñó unas fotos en la pantalla de su celular, las de un perro pequeñito, peludo, un pelo marrón ensortijado, coqueto, que miraba tímido y desconcertado a la cámara.

-¿No es lindo? –dijo ella-. Es una belleza. Lo amo. Es un bichon poodle. Es una mezcla de bichon frisé con poodle. Me costó un montón de plata.

Enseguida mencionó lo que había pagado por el perro y quedé estupefacto: no sabía que una mascota podía ser tan cara.

-Déjame pensarlo –dije, tratando de ganar tiempo-. Lo hablamos a la noche, después del programa.

Efectivamente, esa noche me propuse disuadirla de tener un perro en la casa y comencé preguntándole:

-¿Por qué de pronto quieres tener un perro?

-Porque va a traernos mucho amor.

-¿No te sientes amada?

-Sí, me siento amada.

-¿Zoe y yo no te amamos suficientemente?

Zoe es nuestra hija de siete años.

-Es otro tipo de amor –opinó mi esposa-. El amor que te da un perro es otro tipo de amor.

Irritado, me desahogué:

-Yo no sé qué tipo de amor estás buscando. Pero tú sabías perfectamente que no quiero tener perros en mi casa. Nunca los he tenido. ¿Te has vuelto loca para comprar un perro y notificarme que en unos días llegará, me guste o no? ¿En qué estás pensando? ¡No puedes tomar esa decisión tú sola, tan graciosamente, y luego comunicármela como un hecho consumado!

-Lo hago por Zoe –dijo ella, replegándose.

-No, no lo haces por Zoe –discrepé-. Lo haces por ti.

-Zoe me ha dicho que su sueño es tener un perro.

-Pero es una niña. No tiene idea de los trastornos que ese perro va a causar en nuestra vida familiar.

-Un perro solo trae felicidad.

-Te equivocas. Tú sabes perfectamente que yo duermo hasta mediodía. El perro va a ladrar cuando Zoe se vaya temprano al colegio. La va a extrañar. Va a llorar, va a ladrar. Y me va a despertar. Y voy a odiar al perro porque no me deja dormir. Y te voy a odiar a ti. ¿De verdad quieres arriesgar la armonía familiar solo por el capricho de tener un perro?

-No te va a despertar. Te aseguro que no te va a despertar.

-¡Cómo puedes estar segura! ¡Los perros ladran! ¡Los bebés lloran! Es como si me dijeras: vamos a tener un bebé, pero no va a llorar jamás.

-Si llora mucho, lo operamos de las cuerdas vocales.

-¿Eso se puede hacer? –pregunté, sorprendido.

-Sí, claro. Es una operación simple.

-¡Pero cómo vas a volver mudo a un pobre perrito! -me indigné-. ¡Eso es crueldad animal!

-O sea que prefieres que ladre y te despierte. ¿En qué quedamos?

-No, lo que prefiero es que el perro se quede en Iowa.

-Ya lo compré. Y con mi plata, por si acaso.

-Pídeles que te devuelvan la plata. Diles que tu esposo está loco. Diles que duermo hasta mediodía. Explícales que no puedo dormir hasta mediodía con un perro ladrando en mi casa.

-Te prometo que no va a despertarte. Si ladra, me voy a dormir afuera con el perro, a la casita de huéspedes.

-¿Prefieres dormir con el perro en la casita de huéspedes que acá, conmigo?

-Pues sí. Me da mucha ilusión tener un perro. Y sé que al final, el que más lo va a querer vas a ser tú. Acuérdate de mí.

-¡Eso es lo que más miedo me da! Una vez que el perro entre en la casa, ¡no se va más!

-No exageres. Si no funciona, lo devolvemos o lo regalamos.

-¿A quién se lo vamos a regalar? No es tan fácil.

-A Marta. O a Lorenza.

Marta y Lorenza son señoras muy hacendosas que trabajan como empleadas domésticas en nuestra casa.

-¿Tú crees que Marta va a querer vivir con un perro, y alimentarlo, y sacarlo a pasear, y recoger sus cacas?

-Claro que sí. Ese perro es una belleza. Te va a robar el corazón.

-¡Estás tomando una decisión que me va a afectar los próximos diez, doce años, y no me la consultas siquiera! ¡Estás loca! ¡Ese perro me va volver loco!

-Bueno, entonces me voy a dormir en la casita de huéspedes con Leo.

-¿Quién carajo es Leo?

-Leo es el perro. Quién más.

-¿Ya le pusiste nombre?

-Sí. Se llama Leo. En Iowa le pusieron Clive, pero yo le he puesto Leo.

-¿Por Messi?

-No, por Zoe. Rima con Zoe. Zoe y Leo. ¿No suena lindo?

-No. Estás loca. Estás oficialmente loca. No quiero un perro en mi casa. Mañana los llamas y cancelas todo.

Me miró con una media sonrisa, sin dejarse intimidar por mis amenazas.

Elige: ¡el perro o yo! –grité, enojado, fuera de mis cabales.

Luego añadí, rencoroso:

-Buenas noches.

-Buenas noches –dijo ella, tan tranquila, acostumbrada a mis crisis de histeria-. Pero no te molestes. No es para tanto.

-¡Cómo no voy a molestarme, si sabías que no quería un perro y te importó tres carajos y de buenas a primeras me anuncias que el martes viene el bendito perro!

Al día siguiente, mientras almorzábamos, mi esposa me dijo, compungida:

-Leo no llega el martes. Está enfermo.

-¿Por qué? –me preocupé-. ¿Qué tiene?

-Está con diarrea. El entrenador me dijo que está muy triste porque lo separaron de su mamá y sus hermanitos.

-¡Pobre! –me enterneció.

-Ya vendieron a todos sus hermanitos. Ya se llevaron a su mamá. Se ha quedado solo.

Enseguida me enseñó fotos de Leo con expresión tristísima, diezmado por los malestares estomacales.

-¡Pobrecito! –me partió el corazón-. ¡Es una barbaridad que lo separen de su familia! ¡Cómo pueden hacerle eso!

-Pobre, sí, debe de estar sufriendo un montón –dijo mi esposa.

-Y entonces, ¿cuándo viene finalmente?

-No sabemos. Primero tiene que recuperarse. Si viaja así, puede morirse deshidratado.

-No, no, qué locura, primero que se recupere –dije.

Luego pregunté:

-¿Zoe sabe algo de todo esto?

-No, es un secreto –dijo mi esposa-. Pero cuando llegue Leo, va a ser el día más feliz de su vida.

Vi más fotos del perrito y me conmovió imaginarlo solo, malquerido, alejado de su familia, estragado por la depresión y la diarrea.

-Bueno, que venga –me resigné-. Probemos un mes. Y si no funciona, ya vemos qué hacemos.

-Va a funcionar, no te preocupes –se alegró mi esposa-. El entrenador lo va a educar. Tiene que acostumbrarse a dormir en su cajuela, afuera, en la casita de huéspedes.

-Va a llorar toda la noche –vaticiné-. Pobre. Mejor que duerma contigo.

-Pero yo no puedo dormir con Leo siempre.

-Sí, claro, eso dices ahora. Después, ¡ya te quiero ver! ¡Vas a subir a Leo a nuestra cama!

-No, eso no, te prometo que no.

-Estoy jodido –dije, en tono melancólico-. Estoy derrotado. Ya perdí. Te confieso que he cambiado de opinión y ahora tengo ilusión de conocerlo. ¡Es tan lindo!

Me sentí un cursi y un idiota diciendo esas cosas, pero eran ciertas.

-Por eso me ha costado lo que me ha costado –dijo mi esposa-. Es un perro finísimo.

-Me tendré que acostumbrar a que toda mi casa huela a perro –me lamenté-. ¡Lo que siempre quise evitar!

-Esa raza de perro no huele a perro –me informó ella.

-¿No? ¿Y entonces a qué huele?

-A nada. Tienen un pelo que no huele.

-Sí, claro –no le creí-. ¿Y se puede saber qué haremos con Leo cuando viajemos? ¿Has pensado en eso?

-Ningún problema. Lo dejamos en el day care.

Sorprendido, pregunté:

-¿Hay un day care para perros?

-Sí, hay uno acá en la isla. Te cobran por día.

Luego mencionó la cifra que pagaríamos por día para que Leo no nos extrañe tanto.

-Es como tener un hijo más –protesté-. Hay que pagarle entrenador, sicólogo, day care. ¡Cómo se nota que no pagas tú!

-¡Yo lo compré con mi plata! –se defendió mi esposa-. Y si quieres, yo pago todas sus cuentas.

-Da igual. Al final ya verás que Zoe va a querer viajar con su perro. Porque será su perro, no tu perro. Ella no va a dejarlo en el day care, acuérdate de mí. Vamos a terminar viajando con el bendito Leo.

-Bueno, por mí, genial. Siempre he querido viajar con un perrito.

-Estás loca. Oficialmente loca.

Esa noche, al volver de la televisión, le pregunté a mi esposa, sorprendido de mí mismo:

-¿Cómo está Leo?

-Ya mejor.

-¿Cuándo viene?

-El próximo martes.

-Pobre. Debe de ser sufriendo tanto.

-Sí, pobrecito.

-Es tan lindo, ¿no?

-Sí, precioso.

Luego ella me miró a los ojos y dijo:

-Todavía estamos a tiempo de pedir que me devuelvan la plata.

-No, no hagas eso –dije-. Ya me ilusioné con Leo. Ya me encariñé. Pobrecito. Que venga. Probemos un mes.

-¿O sea que ahora quieres que venga?

-Sí. Me da pena devolverlo.

-No te vas a arrepentir. Confía en mí.

-Yo sé. Ya verás que Leo me va a robar el corazón. Me lo voy a llevar al programa todas las noches.

Mi esposa se rió y dijo:

-Eres tan bipolar.

-Sí, lo soy –dije, derrotado y, al mismo tiempo, ilusionado.

25 pensamientos acerca de “El perro o yo

  1. relaut

    Que pena que gasten dinero en comprar mascotas habiendo tantas por adoptar, porque eso es lo que hacen, los sacan de sus madres que las tienen pura y exclusivamente para parir hasta que mueran y los venden a precios exorbitantes asi,enfermos, te parece normal que este con diarrea siendo tan pequeño? te parece que estuvo el tiempo suficiente con su madre,nutriéndose de ella? pensas que no va a desarrollar problemas a causa de esa mala nutrición con el correr de los años? El amor es mucho más profundo si lo reciben de un animalito rescatado, se los aseguro, ténganlo en cuenta ♥

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  2. luisa

    esto se llama: cronica del perro anunciado…. Jaime por fa nos mantienes informado del perrito. Fotos, sensaciones, anecdotas, comentarios, travesuras, juegos de tu hija y esposa con el perrito…. en fin todo.

    siempre reviso si has escrito. Es un gusto leer tus textos y saberte mas cercano y ahora con perrito aun mejor. Toda mi buena energia en esta nueva etapa del camino. Desde Colombia un fuerte abrazo

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  3. Alejandro

    Jaime tu esposa es la mejor negociadora, increíble la forma como terminaste fuiste tú pidiendo que llevarán a Leo, jajajajaja, disfrútenlo desde Cali Colombia! Duque Presidente! Viva Uribe

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  4. Juani

    Debes dar gracias a Dios que Silvia te ama y no le hace caso a tus gritos, a mi alguien me grita así y lloro una semana. Son una pareja excelente! Cuidala, no la pierdas!

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  5. Isabel

    Grande Jaime me facino no olvides contarnos la segunda parte tengo dos perros labrador y puddle los amo son parte de mi familia te van a dar muchísimas sorpresas y alista tu corazón y tu bollsillo.

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  6. Carolina pinto

    Tranquilo Jaime te vas a encariñar mucho con leo, los animales son maravillosos y créeme son de verdad amigos incondicionales y Zoe va a ser muy muy feliz y su felicidad va a ser la tuya, relájate y disfruta del nuevo miembro de la familia. Coloca fotos cuando llegue jajajajaja

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  7. Sofia

    Una de las mejores publicaciones que he leido estos dias.. de principio a fin. En mi caso adopte un perrito con cierta duda al principio ahora lo quiero como a un hijo… te roban el corazon…

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  8. Rocio Kumar

    Omg Jaimito me reí con este artículo !!!! Sabes que yo tampoco quería un Perro en casa y en Noviembre del 2017 mis hijos me convencieron de tener una y es una Niña se llama Lily Kumar es una husky muy linda pero muy activa y ella es mi compañera para salir a correr todas las mañanas y es la que me espera todas las noches cuando regreso tarde del trabajo o de alguna fiesta cuando abro la puerta ella está ahí sentada esperándome y después se va a dormir y en las Mañanas ella me espera parada en la puerta de mi dormitorio para salir a correr ya ella sabe !!!!!!!! No sabes cuanta compañía me hace y es como tener otro hijo pero es de 4 paras Ademas no te olvides que sera el hijo Varon que no tienes porque se llamara Leo Bayly
    esperamos en el futuro Fotos de Leo please mucha suerte con el nuevo hijo perruno

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  9. Isobel

    Por favor!! Vuelve a las pastillas para dormir pero no le operen las cuerdas vocales al perro! Eso realmente es crueldad animal .
    Pd: Esperemos fotos del perro

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  10. Ana Margarita

    Jajaja Hay Jaime, los perros son la mejor compañía. Yo los amo y nunca pense tenergy 2 al mismo tiempo y paso, y si lo triste cuando parten, ya te veo hablándole y razonando con el. Ha y quien tiene la voz de mando porq ellos siempre saben quién es el q manda en casa, quien es el amo. Suerte Amor para Leo

    Responder
  11. Ana Margarita

    Jajaja Hay Jaime, los perros son la mejor compañía. Yo los amo y nunca owner tenergy 2 al mundo tiempo y paso, y si lo triste cuando parten, ya te veo hablándole y razonando con el. Ha y quien tiene la voz de mando porq ellos siempre saben quién es el q manda en casa, quien es el amo. Suerte Amor para Leo

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  12. Angela de Orlando ...

    No te preocupes, esa historia sucede en muchos hogares… Si te encariñas mucho con el, terminaras haciendole todo, no cometas ese error, deja que tu hija se encargue, esa es la idea principal, crear un sentido de responsabilidad y de aprender a compartir, que generalmente los niños que son hijos unicos aprenden con sus mascotas. Se paciente y mucha suerte …

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  13. Joanna

    Ay Jaime que locura… los perritos son tan tiernos y si le das una calurosa bienvenida va a ser el amigo mas fiel que has podido tener, no sabes como te va a robar el corazón en un segundo. Ademas que no hace uno por los hijos. Exitos en esta, tu nueva etapa. Cariños a los 3.

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  14. Alex Soria

    lo vas a adorar Jaime ,yo decía lo mismo con Chivis nuestra golden retriever, cuando murió Rocco era yo ya un adolescente me dolió mucho y dije nunca mas tendría uno, ahora mis dos hijos la adoran y bueno concluí q los perros están ahi para ser parte de nuestra vida y de alguna manera nos cambian y nos hacen mas humanos, Chivis va a partir algún día y mis hijos la van extrañar como yo a Rocco, pero yo estaré ahi con ellos.

    Responder

comentarios

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